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Historia de Chile: Orígenes de Chile.
El clima y el relieve
FOTO: Vicuña hembra y su cría.Cuando los primeros españoles llegaron a Chile, en general la flora, la fauna y las características del territorio no eran diferentes a las de los siglos posteriores. La expedición de Diego de Almagro y luego la de Pedro de Valdivia conocieron la dureza del desierto: la falta de agua, el frío de las noches, el calor ardiente del día.
Los pequeños oasis a lo largo de las quebradas que corren de este a oeste y también de norte a sur eran ocupados por pequeñas poblaciones de agricultores, pastores, mineros o comerciantes. Pertenecían en su mayoría a la etnia atacameña.
Yendo más al sur, estas expediciones españolas se dieron cuenta de que el clima cambiaba y que el desierto iba disminuyendo lentamente. Las lluvias, a partir de La Serena, comenzaban a aumentar y las quebradas formadas por los ríos iban creciendo. Cuando llegaron al valle del Aconcagua, se encontraron con un gran río que alimentaba y hacía posible la vida de miles de personas y de todo tipo de flora y fauna. Incluso comenzaron a aparecer importantes yacimientos de oro, como el del estero Marga-Marga, en el valle de Quillota.
La marcha de los españoles hacia Chile, valle del río Aconcagua (ver recuadro), se hizo por la Cordillera de los Andes, incluso atravesándola, o por la depresión intermedia, que estaba cruzada por pequeños ríos y quebradas. La Cordillera de la Costa y las planicies litorales, que son las otras dos estructuras geomorfológicas –formas del relieve terrestre– que caracterizan a Chile, solo fueron, en un principio, conocidas a través de la navegación y los esporádicos desembarcos en algunas de sus bahías (puertos).
Al sur del río Mapocho, se encontraron con un nuevo paisaje, los valles centrales, que lentamente permitieron pasar de la economía incipiente de los lavaderos de minas a una basada en la agricultura y el pastoreo. En el siglo XVI, Chile no tenía la extensión del siglo XXI, siendo sus límites por el norte el valle de Copiapó y por el sur, la isla de Chiloé.
La fauna y la flora autóctonas
Los más antiguos pobladores de Chile, anteriores a la llegada de los españoles, vivían de la caza, de la recolección y de la pesca. Según su hábitat cazaban camélidos –guanacos, llamas, alpacas y vicuñas–, aves o roedores –vizcachas y chinchillas–. En la costa, eran aficionados a pescar corvinas, anchovetas, jureles, albacoras, entre otros.
De acuerdo con las características del territorio nacional la fauna iba cambiando, las aves aumentaban de tamaño: el chirihue, el zorzal, el chincol, el queltehue, el carpintero, la torcaza.
En los bosques y selvas de lluvia se encontraban el pudú, el puma, el choroy, y en el extremo sur, en la Patagonia, donde predomina la estepa fría, la fauna era semejante a la andina –guanaco, ñandú–.
En este largo y estrecho territorio los diferentes tipos de plantas proporcionaron alimentación silvestre, tanto en las regiones cálidas como lluviosas.
En el norte, el chañar y el algarrobo, que se encuentran desde Arica hasta el valle del Elqui, y desde Antofagasta hasta Colchagua, respectivamente, son citados por los cronistas del siglo XVI por sus frutos. Del chañar se come la pulpa, de color pardo, rica en azúcar y aceite; con la que también se prepara arrope –dulce hecho con la pulpa de algunos frutos. Los cardones –otro vegetal– poseen un fruto amarillento cuya pulpa es algo ácida. Según el cronista Bibar “son gustosos” y los indios lo llaman “neguey”.
En las formaciones de altura también tenemos la “puskaya”, de pulpa dulce, y el “pakotonko”, planta de los bofedales, de fruto blanco y dulce.
A lo largo de las montañas se encuentra el tomatito del pingo-pingo. En la zona del valle del Mapocho y sus alrededores, el cronista Bibar informa sobre el fruto del molle, del que se hace un “brebaje gustoso” y “cociendo estos granos en agua se hace miel”. En Quillota y también en el valle del Maule, el cronista menciona las “palmas”.
El boldo, el peumo, el maqui y el quilo son otros frutos que también se encuentran desde el norte chico hasta el sur. Especialmente con el maqui, cuyas bayas negras maduran en verano y son dulces, los mapuches preparan chicha.
En la Región del Biobío (VIII), Bibar señala la presencia del queule, de la avellana y, por cierto, del piñón del pehuén, alimento del pueblo pehuenche. De estos dice que los asaban y comían bien cocidos.
En el sur también eran muy conocidas la murta, la murtilla y la frutilla chilena, esta última muy alabada por los cronistas españoles, entre ellos, por Góngora Marmolejo.
Fuente: Icarito Diario La Tercera.
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