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Historia de Chile: La Guerra del Pacífico.

Las grandes reformas. Arturo Alessandri en el poder

        
El año 1915 se realizaron las elecciones de senador por la provincia de Tarapacá. Los candidatos eran el ya senador por la zona, Arturo del Río, abanderado del Partido Liberal Democrático (balmacedista), y el representante de la Alianza Liberal, Arturo Alessandri Palma.

La fogosidad oratoria de Alessandri le valió el apodo de León de Tarapacá, y desde entonces se transformó en el caudillo indiscutido de los sectores que propiciaban profundos cambios en la vida nacional. Alessandri nació en Longavi, en 1868, y se recibió de abogado en 1893, con una tesis de grado sobre la ley de habitación obrera, hecho que demostraba su temprana inquietud por los problemas de carácter social. Durante la revolución de 1891 fue opositor a Balmaceda, y más tarde resultó electo como diputado por varios períodos. También fue ministro de Industria y Obras Públicas (1898) y luego desempeñó el cargo de ministro del Interior, bajo el gobierno de Juan Luis Sanfuentes (1918).

En muchas oportunidades, Alessandri expresó su convicción de que para impulsar los cambios que el país necesitaba se debía reformar la Constitución de 1833. La calificaba como ´un monumento glorioso sobre el cual se ha cimentado la grandeza de la República´; pero al mismo tiempo, reconocía que Chile ´debía afrontar resuelta y definitivamente la reforma constitucional que exige el desarrollo y crecimiento del país, porque así como el marino, para salvar su navío del peligro y librarlo de los escollos, pone proa a la tempestad, el gobernante debe también acometer de frente la solución de los problemas que exige la evolución de los pueblos´.

Planteamientos como los anteriores le valieron no solo el apoyo popular, sino que también el de los estudiantes universitarios, agrupados en la Federación de Estudiantes de Chile (Fech), fundada en 1906. [Véase documento número 15, página 89]. El movimiento estudiantil se había opuesto a la movilización de tropas ordenada por el gobierno hacia la frontera con Perú -en ese entonces ubicada en el río Sarna-, por considerarla una maniobra distractiva de la opinión pública ante el ardor de la campaña electoral. La Guerra de don Ladislao, como se conoció a este peligro inexistente que preocupaba al ministro Ladislao Errázuriz, provocó la agitación estudiantil. La sede de la Fech fue asaltada e incendiada. Uno de sus dirigentes, José Domingo Gómez Rojas, había sido apresado y maltratado, lo que le ocasionó la muerte.

La necesidad de realizar reformas en el país fue la principal bandera de lucha de la campaña de Alessandri en la elección de 1920, en la que contó con el apoyo de la Alianza Liberal. Su contendor fue Luis Barros Borgoño.

La elección de 1920 fue trascendental, debido a que en ella apareció por primera vez la importancia política de la clase media. Entre sus novedades estuvo la utilización de himnos de campaña: los que apoyaban a Alessandri entonaban una adaptación de la canción mexicana Cielito Lindo: ´Va en brazos de la Alianza, / delito lindo, / el gran Arturo./ Y es natural con esto,/cielito lindo,/ triunfo seguro...´.
Por otro lado, contrariando lo manifestado hasta ese entonces por todos quienes se habían presentado como candidatos a la presidencia, en el sentido de que no serían amenaza para nadie, Alessandri expresaba -identificándose de lleno con la necesidad de cambio- que quería ser amenaza para los espíritus reaccionarios. Así, la elección se planteaba como la decisión entre la continuidad y el cambio, y de ahí sus resultados estrechos: Alessandri obtuvo 176 electores, ya que el sistema electoral era indirecto, mientras que Barros logró 174. Dos votos de diferencia posibilitarían, en teoría, la modificación de las estructuras sociales del país.

Alessandri llegó a la presidencia con la aspiración de reformar en forma profunda la Constitución, entregándole al presidente de la república una mayor participación y facultades, a fin de ejercer efectivamente el poder que le otorga un régimen presidencial de gobierno, otorgándole al Estado claras y precisas obligaciones en materias de carácter social.

Su administración no estuvo exenta de los problemas que enfrentaron sus antecesores. La crisis salitrera de 1921 disminuyó los ingresos fiscales y originó despidos de trabajadores. Ese mismo año se produjeron los sucesos de la oficina San Gregorio, cuando, ante el anuncio de la próxima paralización de las labores, un grupo de trabajadores ocupó las instalaciones, siendo desalojado por las fuerzas militares, acción en la que murieron 36 obreros y cuatro uniformados.

El presidente Alessandri nunca ocultó que entre sus más queridas aspiraciones políticas se contaba promover una reforma a la Constitución de 1833. Esta idea la expresó en diversos discursos durante la campaña electoral y también mientras ejerció la presidencia de la república.

En líneas generales, pretendía regular la intervención del Parlamento en la generación del gabinete, diferenciar las atribuciones políticas de los poderes Ejecutivo y Legislativo, establecer la elección directa del primer mandatario y crear un Tribunal Calificador de Elecciones. A-demás, el nuevo texto debía propender a la descentralización administrativa, establecer la separación entre la Iglesia y el Estado, la progresión de los impuestos y reformar el reglamento interno que regulaba el funcionamiento de la Cámara de Diputados y del Senado. Sin embargo, siempre encontró una tenaz oposición por parte de los congresales, quienes se oponían a una transformación del régimen parlamentario instaurado de hecho en Chile, no pudiendo escapar a las ya tradicionales prácticas políticas.
La mayoría opositora impedía la concreción de varias de las reformas propuestas por el presidente para enfrentar la crisis social que afectaba al país. Así, se llegó hasta

1924 sin avances decisivos en esa materia, aunque Alessandri insistía en cada oportunidad en la necesidad de ellas. Las elecciones parlamentarias de ese año no alteraron de manera sustancial la situación, aumentando las críticas del presidente hacia el Parlamento, el que a su vez lo acusaba de tener intenciones dictatoriales. La crisis política se aproximaba y todos miraban hacia los militares.
Uno de los más ásperos e irónicos críticos de la posición asumida por la oligarquía dentro de la crisis social en que se debatía Chile fue el poeta Vicente Huidobro. En 1925 publicó Balance Patriótico, condenando duramente a los grupos privilegiados de la sociedad nacional: ´frente a la antigua oligarquía chilena, que cometió muchos errores, pero que no se vendía, se levanta hoy una nueva aristocracia de la banca,

sin patriotismo, que todo lo cotiza en pesos y para la cual la política vale tanto cuanto sonante pueda sacarse de ella. Ni la una ni la otra de estas dos aristocracias ha producido grandes hombres, pero la primera, la de los apellidos vinosos, no llegó nunca a la impudicia de esta otra de los apellidos bancosos´.

El descontento también había llegado a las filas del ejército. El entonces coronel Carlos Ibáñez era un líder de la opinión de la oficialidad Ello era producto de la propia ineptitud del sistema parlamentario y de la necesidad de producir una depuración en la actividad política, controlada por la oligarquía o canalla dorada, como la llamaba Alessandri. En líneas generales, estos militares provenían de la clase media.

Insistiendo en su política reformista, Alessandri había remitido en 1923 -para su consideración y trámite por parte del Congreso- una serie de proyectos de carácter social, y otros que reglamentaban materias relativas a las Fuerzas Armadas (sueldos, ascensos y retiros, etcétera), los que chocaron con la abulia parlamentaria.

Poco tiempo después, el Congreso inició la discusión del proyecto de dieta parlamentaria, es decir, la fijación de un sueldo para diputados y senadores, quienes hasta sus cargos en entonces ejercían forma gratuita.

Aunque se esperaba asegurar así el acceso de las capas medias y bajas de la población al Congreso, contribuyendo a la democratización de la tarea legislativa, no era el momento de hacerlo si se consideraba la angustiosa situación económica del país.

El 3 de septiembre, cuando el proyecto empezaba a ser considerado en el Senado, un grupo de oficiales militares de baja graduación que se encontraba en las graderías del recinto, expresó su molestia golpeando el suelo con sus sables. Luego dieron vida a un Comité Militar que presentó ante Alessandri una serie de peticiones relacionadas con materias militares v también de carácter social, entre las que se contaban la dictación del Código del Trabajo, la reforma constitucional y la modificación del impuesto a la renta.

Alessandri aprovechó la coyuntura y el Congreso -ante el temor de un pronunciamiento militar más categórico- aprobó en pocos días varias leyes relativas a cooperativas, sindicatos profesionales, tribunales de conciliación y arbitraje, contratos de trabajo y huelgas.

Como el Comité Militar continua se funcionando y no se resolviese la totalidad de las peticiones gremiales de los militares, el presidente presentó su renuncia, temiendo perder el control de la situación. El Senado la rechazó, pero a cambio lo autorizó para ausentarse del país hasta por seis meses. El 11 de septiembre de 1924 se constituyó una junta militar integrada por el general Luis Altamirano (presidente), el general Juan Pablo Bennett y el almirante Francisco Neff, quienes se comprometieron a convocar a una Asamblea Constituyente para dictar una nueva Constitución y reformar las prácticas políticas. El mismo 11 de septiembre, la junta ordenó la disolución del Congreso. Alessandri, que había buscado la protección de la embajada estadounidense, salió del país rumbo a Europa el día anterior.

A poco andar, la Junta de Gobierno empezó a enfrentar dificultades y quedó desacreditada ante la oficialidad joven, la misma que la había llevado al poder. En concreto, no se vislumbraba la posibilidad de realizar la tan ansiada reforma a la Constitución. Todo parecía haberse paralizado y la acción emprendida era vista como un simple cambio de nombres en quienes ejercían el poder político.
A fines del año 1924, el Partido Radical y el Demócrata adoptaron posiciones contrarias al movimiento militar, propiciando el retorno del presidente Alessandri, y urgiendo la convocatoria a una Asamblea Constituyente.

Por su parte, los opositores al presidente levantaron, en enero de 1925, la candidatura presidencial de Ladislao Errázuriz Lazcano, conocido político unionista y gran detractor de Alessandri. La situación se complicaba y, el 23 de enero de 1925, un grupo de militares, encabezado por el coronel Carlos Ibáñez, derrocó a la junta, reemplazándola por otra de carácter cívico-militar presidida por Emilio Bello Codecido e integrada por el general Pedro Pablo Dartnell y el almirante Carlos Ward.

La oficialidad joven difundió en forma amplia sus propósitos: devolver el poder a Alessandri y convocar a la Asamblea Constituyente. El presidente, que se encontraba en Italia, aceptó el ofrecimiento y arribó a Santiago el 20 de marzo. De inmediato la junta le hizo entrega del mando del país.

A los pocos días de su regreso, Alessandri reunió a una asamblea de representantes de las diversas corrientes de opinión, que aprobó la idea de convocar a una Comisión Consultiva para que estudiara las reformas necesarias. Esta adquirió vida a través de varios decretos firmados por el presidente. De entre sus integrantes se debe destacar a Domingo Amunátegui Solar, Luis Barros Borgoño, Eliodoro Yáñez, José Guillermo Correa, Roberto Meza Fuentes y Juan Esteban Montero, entre muchos otros personajes de vasta y reconocida trayectoria en los campos intelectual y político.

El trabajo fue arduo sobre todo cuando se debatió el régimen de gobierno que se debía adoptar. Durante esta discusión, cuando todo parecía naufragar, el general inspector del Ejército, Mariano Navarrete, apoyó en forma decidida la propuesta de Alessandri, en el sentido de establecer el presidencialismo, diciendo que en su postura no debía verse ´una amenaza, pues no está autorizado -reza el acta correspondiente- para hacerla, pero cree firmemente que en estos momentos solemnes no debe ocultarse el peligro y que hay obligación de hablar claro´.
El mandato constitucional del presidente Alessandri expiraba el 23 de diciembre de 1925. El Congreso, disuelto por la junta, no había vuelto a reunirse. Estos dos elementos planteaban un problema de importancia: ¿cómo legitimar las reformas antes de que Alessandri abandonase el poder?

Tras variadas argumentaciones, se resolvió que lo mejor era convocar a un plebiscito, el que se fijó para el 30 de agosto del mismo año. En él los ciudadanos debían pronunciarse sobre una de las tres posibilidades planteadas. Un voto -de color rojo- aceptaba en forma absoluta el proyecto presentado; otro -de color azul- lo aprobaba, pero con el establecimiento de un régimen parlamentario de gobierno y, por último, un tercero -de color blanco- significaba el rechazo definitivo.

Los resultados Rieron: por la aprobación incondicional, 127.509 votos; por la aceptación parcial, 6.825 votos, y por el rechazo, 1.449 votos.
El 18 de septiembre de 1925, en una ceremonia que se realizó en el Salón Rojo de La Moneda y que contó con la asistencia del gabinete, del cuerpo diplomático y de otros invitados especiales, el presidente Alessandri firmó el decreto que promulgaba la nueva Constitución. Esta, de acuerdo con una de sus disposiciones transitorias, entraría en vigencia treinta días después de su publicación en el Diario Oficial.




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