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Historia de Chile: La Guerra del Pacífico.

La declaración de guerra y la disputa por el dominio del mar

        
En marzo de 1879, el presidente del Perú, Mariano Ignacio Prado, dio a conocer el tratado secreto que ese país había suscrito con Bolivia en 1873, indicando que su país no podría mantenerse neutral ante la disputa chileno-boliviana, como el gobierno de Santiago había solicitado. Entonces, con la aprobación del Congreso, el Presidente Aníbal Pinto declaró la guerra a los dos países, el 5 de abril de 1879. La noticia causó conmoción en Santiago. En su Diario de campaña, Recuerdos íntimos dé la Guerra del Pacífico 1879-1884, Alberto del Solar cuenta que esa mañana: ´las calles de Santiago, y probablemente las de Chile entero, en aquel mismo instante, veíanse agitadas por una multitud alborotada y frenética. El pueblo siempre entusiasta, se estrechaba y confundía en tumultuoso desorden, pugnando por hallar acceso hada el corro conformado por la patrulla de soldados que constituía la escolta del funcionario civil designado para leer en voz alta el acta de declaración de guerra al Perú. Las pocas líneas de que constaba esta importante pieza eran interrumpidas por tronadoras salvas de aplausos y gritos de viva, cuyos ecos no tenían tiempo de morir en el silencio que súbitamente se trataba de hacer para continuar escuchando, pues cortos instantes después nuevas exclamaciones de patriótica efusión venían a unírseles. ¡Eran aquellos un continuado y estrepitoso clamor semejante al fragor de las olas agitadas por el huracán y la tempestad! Mezclados sin distinción de clases, el de poncho, el de blusa y el de levita, se hablaban, se animaban y fraternizaban, rivalizando en decisión y bríos´.

Ninguno de los contendores estaba en condiciones para la lucha. El más desfavorecido era Chile, que por razones económicas había reducido los efectivos de su ejército a 2.440 soldados y 401 oficiales. A ellos se sumaban los 6.661 hombres de la Guardia Nacional. La Armada, por su parte, solo contaba con los blindados Cochrane y Blanco Encalada, y con cinco barcos de madera: las corbetas Chacabuco, O´Higgins, Esmeralda y Magallanes, y la goleta Covadonga.

Bolivia y Perú, unidos, tenían un ejército de ocho mil hombres, y sus Guardias Nacionales sumaban 119.000 efectivos. Perú, además, contaba con una marina de guerra conformada por cuatro blindados: Huáscar, Independencia, Manco Cápac y Atahualpa; dos corbetas de madera: Unión y Pilcomayo, y varios transportes.

Al igual que en la guerra de la Independencia, el dominio del mar era un factor fundamental para decidir el curso posterior del conflicto. Por ello, las fuerzas navales chilenas decidieron bloquear el puerto de Iquique, paralizando las exportaciones peruanas de salitre. Así se pretendía forzar a la armada de ese país a entrar en combate y evitar que el Perú continuase recibiendo capitales por el pago de sus ventas de nitrato. Como la marina peruana no se presentara a romper el bloqueo, el contraalmirante Juan Williams Rebolledo decidió dirigirse a Callao, con el objetivo de obligarlas a combatir.

En Iquique permanecieron la Esmeralda y la Covadonga, comandadas por Arturo Prat y Carlos Condell, pues era necesario mantener el bloqueo del puerto y porque sus condiciones de navegación no eran óptimas. Estas naves debieron batirse -con distinta suerte- con el Huáscar y la Independencia, en Iquique y Punta Gruesa, respectivamente (21 de mayo de 1879). Las naves peruanas habían navegado hacia el sur, mientras que sus pares chilenas lo habían hecho hacia el norte, pero mar afuera, para evitar que su desplazamiento fuese advertido por las poblaciones costeras.

El heroísmo demostrado por los marinos chilenos, en especial por el capitán Arturo Prat, comandante de la Esmeralda, fue incluso reconocido por sus rivales peruanos, y motivó, en todos los rincones de Chile, a hombres y jóvenes a enrolarse en forma voluntaria en los regimientos que se estaban formando. En el combate de Iquique se encontraron dos marinos que estaban destinados a convertirse en los máximos héroes navales de sus respectivos países.

Tras el combate de Iquique, Miguel Grau, comandante del Huáscar, remitió una sentida carta de pésame a Carmela Carvajal, viuda de Prat (junio de 1879), en la que se condolía por la pérdida de su esposo, a la vez que destacaba su valor militar y remitía las pertenencias personales que llevaba consigo al momento de morir. El gesto fue agradecido por la viuda.

La prensa internacional destacó la valentía de los oficiales y tripulación de la Esmeralda. Elogiosos comentarios se hicieron en las páginas del periódico inglés The Times, que señaló al combate de Iquique como uno de los ´más gloriosos que jamás haya tenido lugar´. The Globe y The Standard, periódicos editados en Londres, publicaron notas similares. Lo mismo ocurrió con Le XIX Siécle, de París, y el Allgemeine Zeítung, de Berlín, que en sus páginas estampó la siguiente sentencia: ´Chile tiene justo motivo para estar orgulloso del nombre de estos buques y, sobre todo, de sus marinos´. Comentarios similares se editados en The New York Herald Tribune, de Nueva York, y La Tribuna y La República,. ambos editados en Buenos Aires, j en La Nación, de Montevideo.

Pero quizás el homenaje más significativo sea el que un marinero peruano inscribió, según cuenta Benjamín Vicuña Mackenna, en la tumba de Prat: ´Vine a visitarte porque te bidé sucumbir en el combate del 21 de mayo. P. Salavatiejo´; el otro fue del pueblo chileno que, mediante una suscripción popular, erigió el monumento que hoy se encuentra en la ciudad de Valparaíso y que fuera inaugurado el 21 de mayo de 1886. En él reposan los restos del héroe y de sus hombres.

El Huáscar, comandado por el almirante Miguel Grau -máximo héroe naval del Perú y que es conocido como caballero del mar-, empezó a recorrer las costas, bombardeando los puertos y capturando transportes de tropas. Esta actividad, que no podía ser detenida, ocasionó el reemplazo de Williams Rebolledo por Galvarino Riveros. La captura de la nave peruana pasó a ser el principal objetivo de las fuerzas navales chilenas, el que se logró en el combate de Angamos (8 de octubre de 1879). En este encuentro murió el almirante Grau.

El buque fue reparado e incorporado a la Escuadra Nacional. Las fuerzas navales chilenas sentaban así el dominio marítimo.


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