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Historia de Chile: La Guerra del Pacífico.

Inmigrantes y ocupación del territorio

        
A partir de la década de 1820 empezó a manifestarse profusamente la presencia de inmigrantes ligados a la actividad comercial y minero-industrial. Este era un fenómeno común en las naciones emergentes que antes habían sido colonias españolas, hasta donde llegaron ciudadanos solos o con sus familias, provenientes, en su mayoría, de Europa occidental. Por las calles de Valparaíso, Santiago y Concepción circulaban cada vez en mayor cantidad- ingleses, franceses, alemanes, portugueses, suecos y, además, estadounidenses.

La posición geográfica de Chile no fue obstáculo para que los extranjeros arribaran y se avecindaran en estas tierras, ya sea cruzando la cordillera de los Andes o navegando por las turbulentas aguas magallánicas. La presencia de extranjeros se acentuó con lentitud a partir de la independencia y luego se incrementó con la apertura del comercio internacional, concentrado en Valparaíso y Santiago. Asimismo, algunos ex oficiales del ejército imperial francés se incorporaron a las tropas chilenas, y marinos ingleses a la armada nacional, con la misma jerarquía que tenían en sus países de origen. Hubo otros que se dedicaron a la enseñanza, las bellas artes, la industria, la agricultura, la empresa y la minería.

En este mismo contexto de la inmigración se ubican los colonos extranjeros en el sur del país, los que dejaron huellas que hasta hoy perduran en su patria de adopción.

La necesidad de colonizar aquellas extensas zonas meridionales en la práctica casi despobladas y que, por lo mismo, no se habían incorporado al quehacer nacional era una realidad que preocupaba al gobierno.

Si bien la Constitución de 1833 había señalado que comprendían el territorio nacional las tierras ubicadas ´desde el desierto de Atacama hasta el Cabo de Hornos´, la ocupación efectiva se reducía al espacio comprendido entre Copiapó y Concepción, porque solo luego de un verdadero ´desierto demográfico´ no indígena se arribaba a los últimos reductos de población blanca en Valdivia y Chiloé.

Ante la tarea ineludible de poblar esas áreas, el gobierno asumió el desafió con tres objetivos básicos: iniciar la explotación de los abundantes y ricos recursos naturales de la zona sur; incorporarlos de manera efectiva a la soberanía del Estado, evitando así el peligro de su posible ocupación por potencias extranjeras aún no resignadas a la pérdida de sus colonias americanas y, por último, llevar hacia ellos pobladores europeos para asentar soberanía en sectores donde vivían comunidades aisladas de aborígenes.

Para favorecer esos propósitos, en 1845 se promulgó la primera Ley de Colonización, que a corto plazo significó un decidido impulso a la iniciativa.

Como se había optado por traer colonos extranjeros para estos fines, se nombró como agente de colonización en Alemania a Bernardo Philippi Krumwiede. Luego de superar algunas dificultades, derivadas del deseo del gobierno de traer solo colonos católicos, este representante logró enviar un primer y reducido grupo que se instaló en las cercanías de La Unión, en 1846. En forma paralela al cometido de Philippi, el gobierno del presidente Manuel Bulnes nombró a Vicente Pérez Rosales como encargado de la colonización en la zona de Valdivia Su misión fue administrar la entrega de tierras, ganado, herramientas, alimentos y materiales a los colonos que iban llegando.

Un segundo grupo de inmigrantes alemanes, esta vez más numeroso, llegó en 1851, estableciéndose en la Isla Teja. Ese mismo año el poblamiento se extendió, gracias a la tenacidad y empeño de Pérez Rosales, a las márgenes del lago Llanquihue. En 1853 se fundó Melipulli, colonia que luego adoptó el nombre de Puerto Montt. Un año más tarde se estableció Puerto Varas.

Con su esfuerzo, trabajo y constancia, los colonos alemanes imprimieron dinamismo a la vida y a la economía de la zona. La prosperidad comenzó a manifestarse algunos años después. Sus actividades se centraron en la agricultura, ganadería, industria (cerveza, cecinas, vidrio), educación y las artes. Muy pronto pasaron a formar parte de la vida nacional, tal como lo señaló uno de sus más destacados representantes, Carlos Andwanter: ´Seremos chilenos honrados y laboriosos como el que más lo fuere´.



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