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Historia de Chile: La Guerra del Pacífico.

El comercio

        
Un gran número de vendedores ambulantes circulaba desde muy temprano por las principales calles citadinas ofreciendo las más variadas mercaderías. Sus voces se mezclaban de tal manera que hacían casi imposible entender los entusiastas gritos. Tal era la imagen cotidiana que se observaba en las ciudades del Chile de esa época, en las que dichos personajes deambulaban ofreciendo frutas, tortillas, helados, velas, agua, carne, leche, huevos, mantequilla, queso o verduras, ya fuese en canastos colgados al brazo o sobre el lomo de mulas y caballos

El comercio establecido era escaso. Las tiendas fundadas en Santiago y Valparaíso eran en su mayoría propiedad tic inmigrantes ingleses y su intercambio internacional presentaba volúmenes de movimiento muy modestos, comparados con los del Perú o el Río de la Plata. Al iniciarse la década de los años 30, los destinos de esas exportaciones eran Lima, Buenos Aires, Cuyo, Asunción, Potosí y España.

En relación con las importaciones, estas se concentraban sobre todo en productos alimenticios y vestuario, además de los suntuarios, como telas finas, perfumes y artículos decorativos, todos ellos provenientes de Europa. Tabaco, naipes y licores estaban sujetos a estanco, pero sus rentas eran bajas debido al contrabando, práctica que fue dura y eficazmente combatida por el ministro Rengifo y sus colaboradores. A pesar de ello, esa actividad ilegal mantuvo el mercado interno abastecido de todo tipo de mercancías.

Los almacenes francos de Valparaíso, reactivados en 1834, fueron un factor de importancia en la revitalización del comercio.

Su origen se remontaba al gobierno de O´Higgins, pero el contrabando, en especial de navíos ingleses, franceses y estadounidenses, los había llevado al fracaso.

El mismo Rengifo reglamento la actividad de estos depósitos, eliminando los derechos de tránsito y otros impuestos. Esto permitió que, al cabo de algunos años, Valparaíso se convirtiera en el puerto más importante del Océano Pacífico Occidental. En sus instalaciones comenzaron a recalar barcos provenientes de los más alejados rincones de la cuenca del Pacífico, de Europa e incluso de la remota Rusia.

En este contexto de desarrollo, se modernizó la legislación aduanera y del comercio, considerando que los reglamentos en uso regían desde la época colonial. Una nueva Ley de Aduanas -promulgada en 1834- estimuló el quehacer científico, cultural y tecnológico del país, al liberar del pago de derechos de internación a todos los elementos que contribuyeran al progreso nacional, tales como maquinarias, herramientas, instrumental mecánico, libros, manuales técnicos y artículos de imprenta, entre otros.

Mediante una Ley de Cabotaje, dictada en 1835, se buscó monopolizar el transporte de carga marítima entre los puertos chilenos solo en barcos de bandera nacional. Al año siguiente, una Ley de Navegación complementó la anterior, al tratar de aumentar el número de naves, capitanes y tripulación de origen chileno o, al menos, naturalizados. Esto no se logró en su totalidad, por cuanto numerosos navíos mercantes continuaron capitaneados por oficiales extranjeros, sobre todo ingleses.

A pesar de lo anterior, el tráfico marítimo interno e internacional se activó en forma notable. En 1832, por ejemplo, se registraron 275 barcos llegados a puertos nacionales, lo que aumentó a casi 400 navíos dos años más tarde. Asimismo, la cantidad de carga movilizada entre 1832 y 1834 se acrecentó en un 400 por ciento. Este incremento incluso obligó al gobierno a arrendar grandes bodegas particulares en la zona portuaria de Valparaíso, pues los almacenes estatales eran insuficientes para acoger el gran volumen de mercaderías en tránsito.

Hacia mediados del siglo, el comercio y los barcos mercantes de Chile establecían vínculos con Perú, Bolivia, Ecuador, Estados Unidos (California), Australia, Nueva Zelandia, Tahití, Islas Marquesas y otras islas menores del Pacífico sur. Hacia aquellas tierras se exportaba trigo, harina, cebada, plata, oro, cobre, caballos y, en menor grado, llamas y alpacas. El peso chileno llegó a ser la moneda fuerte -divisa- entre las islas de la cuenca del Pacífico centro-oriental. las frutas secas fueron un producto de exportación muy apreciado por su calidad y exquisito sabor.

El gobierno chileno otorgó -en 1835- una concesión al empresario William Wheelwright (1798-1873) para operar una empresa de barcos a vapor entre Valparaíso y Callao (Perú). Para ello, el ciudadano estadounidense organizó la Pacific Steam Navegation Company (PSNC). Fue así como en 1840 iniciaron sus operaciones los vapores Chile y Perú.



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