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Historia de Chile: De Balmaceda a Ibáñez.

El fulgor minero

        


Cuando el territorio minero pasó a Chile, su gobierno decretó en junio de 1881 la devolución de las minas a manos particulares, que para entonces no eran otras que las de los ingleses asociados a la banca de Valparaíso y Santiago. North, quien venía operando con la Jazpampa Co., se convirtió en el primer empresario salitrero del país y comenzó a ser conocido en Europa como el ´rey del salitre´. Chile pasaba a disponer del monopolio mundial de los nitratos. El gobierno chileno accedía, por otra parte, a los rápidos ingresos fiscales que proporcionaba la exportación del mineral y podía hacer frente a los costes de la guerra y a los proyectos expansivos de Balmaceda. El programa liberal se consolidaba y su aplicación determinó la orientación de la política en los siguientes decenios.

Años antes, cuando los salitreros chilenos fueron expulsados de Perú, trasladaron sus ´oficinas´ y las refinerías de nitratos a Aguas Blancas y Taltal, las llamadas salitreras del sur. Con la incorporación del Norte Grande (la amplia región ganada para Chile) se encontraron con la renovada competencia de Tarapacá y Antofagasta, que tenían caliches de ley más alta y líneas ferroviarias que facilitaban la exportación. Aunque algunos de ellos habían seguido el ejemplo de los ingleses comprando títulos en el mercado financiero de Lima, la mayoría de las oficinas de nitratos anexionadas estaban en gran medida en manos de capital extranjero. Se creaba de este modo una competencia que en el pasado se había salvado gracias a unas medidas proteccionistas que ahora desaparecían al formar todos parte de la misma nación.

Los empresarios que operaban en el país en aquel entonces eran conscientes del control que ejercían sobre la oferta mundial de nitratos. Para obtener un nivel estable de precios habían establecido en 1884 la reducción progresiva de la producción. De este modo se aseguraban las ganancias ejerciendo un control sobre los costes. La demanda exterior y el afán de aprovechar el momento hizo que la exportación no lograra ser contenida y pasara de 9,5 millones de quintales en 1885 a 15,5 millones en 1887 y a 23 millones en 1890, año en que se percibió con claridad la contracción del mercado a causa de la crisis. Los nitratos suponían el 80 por ciento de las exportaciones chilenas. El país había pasado a girar en torno a este sector minero y no dejaría de hacerlo en las siguientes tres décadas de su historia.

El proyecto de desarrollo esbozado por Balmaceda tenía en cuenta en primer lugar los intereses nacionales. Por ello se mostró contrario a que la red de transportes ferroviarios de Tarapacá, la Nitrate Railways Co., fuera monopolizada por los ingleses. Consideró perjudicial también que el capital extranjero, concentrado en pocas manos, dominara el principal sector económico y estableciera políticas de explotación, ampliando y reduciendo cupos en función de la rentabilidad empresarial, sin tener presente su repercusión en los ingresos fiscales del Estado, de modo que comprometía los presupuestos e impedía planificar las inversiones.


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