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Historia de Chile: De Balmaceda a Ibáñez.

Prosperidad y quiebra del presidencialismo

        


De acuerdo con la tradición establecida, en 1886 el presidente saliente, Domingo Santa María, designó sucesor a José Manuel Balmaceda (1838-1891), ministro del Interior entre 1882 y 1885. Balmaceda había sido el responsable de una serie de medidas laicistas consideradas como un signo de progreso. La secularización de los cementerios y la regulación de los registros y del matrimonio civil provocaron la separación de la Iglesia y el Estado. Estas reformas diluyeron el frente anticlerical que durante varios lustros habían definido el alineamiento político.

Una convención de la Alianza Liberal, formada por los partidos Liberal y Nacional, ratificó el nombramiento hecho por Santa María en favor de quien ya había labrado suficientes apoyos internos para intentar la nominación. En ambos grupos hubo, sin embargo, sectores contrarios a la misma y al sistema de sucesión, los cuales acabarían alzándose con el control del Parlamento.

La presidencia de Balmaceda

Bajo la presidencia de José Manuel Balmaceda, iniciada en 1886, tuvieron lugar importantes acontecimientos, dramáticamente coronados, en 1891, con una breve y sangrienta guerra civil que cambió las bases constitucionales del país. El régimen presidencialista característico del siglo XIX, que de alguna forma institucionalizaba el caudillismo heredado de las luchas por la Independencia, terminó dando paso a un parlamentarismo especialmente sensible a los intereses económicos vinculados con la explotación y comercialización de la minería.

Balmaceda comenzó prometiendo que favorecería un gobierno parlamentario, pero la fragmentación del Congreso en grupos y personalidades, las querellas internas, la indisciplina de los representantes y la dificultad de formar mayorías estables le llevaron a reafirmarse en la concepción fuertemente presidencialista que había caracterizado a sus predecesores. Si en el pasado esa actitud había favorecido el liderazgo de la política nacional, la existencia de proyectos de cambio que entraban en colisión con determinadas fuerzas económicas ocasionó la confrontación con sus representantes parlamentarios.


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